El oídio, la jaén blanca y otras uvas valencianas

Anteriormente hablamos de la llegada a tierras murcianas de la Garnacha con ocasión de la extensión de la plaga del oídio. El desconocimiento de que con el empleo de azufre en polvo se podía combatir la enfermedad criptográmica, así cómo la falta de azufre y de maquinaria para tales tareas, llevó a los viticultores a la búsqueda de otros remedios con los que paliar sus males.

Una noticia de interés al respecto nos la da la Sociedad Económica de Amigos del País de Lorca cuando en un informe de 1863 -probablemente recogido en “La Exposición Agrícola e Industrial de Lorca” (1863) -de donde parece extraer su nota Juan Pan-Montojo en “La bodega del mundo. La vid y el vino en España (1800-1936)”, 1994, pág. 72- nos indica cómo el oídio estaba acabando con los plantíos de viña tradicional (de la variedad Jaén Blanco) y dando lugar a la introducción de nuevas variedades (algunas de ellas valencianas).

La jaén blanco -hoy casa desaparecida y confundida en la comarca con la Valencí Blanca– tiene una larga historia en el noroeste murciano donde se empleaba para la elaboración de vinos blancos sola o en compañía de otra uva autóctona de la comarca, la Rucial, en este caso una uva rosada, véase el “Informe estadístico sobre la superficie del viñedo y variedades de vid de 1889“, Ministerio de Agricultura (1891), del ingeniero agrónomo de la Diputación Vicente Sanjuán.

Mención a unos exquisitos -y premiados- vinos blancos elaborados con esta uva la tenemos en la Memoria sobre la producción de viña y vino en la Hacienda de los Béjar, -situada en el Carrascalejo (de Arriba) en Bullas, presentada en 1876 en la Exposición Agrícola y Minera de Murcia-, del gran bodeguero del siglo XIX José María de Béjar.

En relación a las uvas valencianas que estaban llegando a estas tierras por ser más resistentes al oídio hemos de señalar a la Valencí blanca y tinta, posiblemente también la bobal y la forcayat.

 

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