D.O.Bullas

Las tierras del noroeste murciano constituyen uno de los viñedos más antigiuos  de España. Desde los pobladores neolíticos hasta nuestros días un sinfín de culturas han explotado las viñas de estas tierras y elaborado los vinos que sus gentes demandaban. Épocas de esplendor seguidas de momentos de crisis han configurado la relación los hombres con sus vides. Esta comarca fue la Bodega del Reino de Murcia durante su siglo de oro (S. XVIII) y sufrió como ninguna otra la destrucción de las viñas por la filoxera.

La Monastrell, esa uva autócona, tiene en el noroeste murciano unos clones propios y diferentes a los del resto zonas vitícolas del sureste español. El patrimonio de generaciones de viticultores ofrece en estas tierras unos vinos de menor color y grado alcohólico, pero más finos y elegantes con una formidable capacidad de envejecimiento.

Tal vez sea un tanto injusto que, más de treinta siglos de historia de la vid y el vino en el noroeste murciano, hayan concluido con una apelación como “Denominación de Origen Bullas” que reduce su identidad a uno sólo de los municipios que conforman la comarca pese al papel desarrollado por el resto de los municipios en esta evolución histórica.

Observar la historia de la vid y el vino en el noroeste es asistir a la rivalidad de dos concepciones diferentes de imposible conciliación. Si proverbial fue siempre la calidad de los caldos de Moratalla, no es menos cierto que fue Cehegín, ese otro estilo de vinos, quien ostentó la capitalidad vitivinícola de la comarca.

Bullas destaca por su fantástica capacidad de adaptación a las exigencias de cada momento. Nació en los brazos de Cehegín pero no dudó en transformarse sorprendentemente en los inicios del siglo XIX para alinearse junto a Moratalla, y acabar asumiendo finalmente el liderazgo de la comarca.

Desgraciadamente la crisis de la filoxera lo cambió todo, la destrucción íntegra del viñedo en la comarca, a principios del siglo XX, puso un punto y aparte que Bullas y sus gentes supieron afrontar.

Desde Bullas a lo largo del siglo XX se completó el proceso de modernización del sector y se consiguió el reconocimiento oficial de la calidad y la singularidad de los caldos de la comarca con la creación de la Denominación de Origen.