Monsieur Bacqué y la Bodega de los Franceses (I)

DSC_0629_pSi hoy día paseamos por el Barrio de las Maravillas de Cehegín y preguntamos a cualquier vecino por la existencia de una vieja bodega abandonada amablemente nos indicaría que nos acercáramos a la calle Velazquez, allí podríamos encontrar la conocida como Bodega de los Franceses, una muestra de lo que hoy llamaríamos «arqueología industrial»

Poco más acertaría a explicarnos nuestro informante pues la historia de esa bodega y de la persona que promovió su construcción hace tiempo que cayó en el olvido.

La segunda mitad del siglo XIX es una revolución para el mundo del vino de la capital vinícola del noroeste murciano. Cehegín observa asombrada cómo la llegada de comerciantes franceses a la localidad en busca de caldos hace elevar los precios y dispara la producción. La fortuna sonríe a los descendientes de los íberos que introdujeron el cultivo de la vid y la elaboración de vinos en estas tierras.

Uno de esos comerciantes de vinos resulta ser Monsieur Bacqué, cuyo nombre completo es Augustin Bacqué y Rossetin, nacido en la localidad francesa de Perpiñán en el año 1850. Mr. Bacqué debió llegar a Jumilla, localidad en la que fijó su residencia, a través del puerto de Alicante, en torno al año 1878 cuando la filoxera arrasaba los viñedos del sur de Francia. Formaba parte de la segunda oleada de comerciantes llegados desde el país galo, tras los primeros originarios de la región de Burdeos. Comisionado por alguna casa de vinos de su localidad de origen llegaría buscando vinos con los que cubrir las necesidades de la clientela de la misma.

Sin embargo, la producción de Jumilla no era suficiente para cubrir los encargos que le llegaban, razón por la cual se desplazaría año tras año al noroeste murciano para adquirir vinos a los productores locales al igual que hacían otros comerciantes franceses.

Contrariamente a lo sucedido en Yecla, Jumilla o Alicante, la industria vinícola del noroeste era capaz de producir vinos para su exportación a Francia en grandes cantidades sin necesidad de capital francés. Sin embargo, Monsieur Bacqué  decidió ir más allá de lo que habían hecho sus compatriotas y apostó por ampliar sus actividades mediante la construcción de la que estaba llamada a ser la mayor bodega de la comarca. Su objetivo no era otro que el de elaborar vinos para su exportación al mercado francés.

Desconocemos si entre sus motivaciones se encontraban las de aplicar técnicas novedosas en la comarca a fin de obtener vinos de mayor calidad que los que producían los cosecheros locales, o si simplemente había decidido incrementar sus ganancias en el comercio del vino añadiendo los beneficios económicos que producía la elaboración de caldos.

 

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