Los judíos, el vino y el noroeste murciano (I)

Todo está por escribir en la historia de los judíos del noroeste de la Región de Murcia. Lo único que tenemos hasta la fecha son citas a personajes concretos y un trabajo realizado a partir de documentos fiscales sobre la judería de Mula. El resto un vacío inmenso.

Si acotamos el período temporal que va desde la reconquista hasta el decreto de expulsión de los judíos en 1492, dos son a juicio de este autor las causas que motivan las carencias que denunciamos.

– La primera es la falta de documentación al respecto lo cual supone un gran freno al estudio de la comunidad judía en el noroeste murciano. Carecemos de documentos notariales, contratos privados, actas capitulares, padrones, etc. que nos permitan dar contenido a las investigaciones.

– La segunda, y no menos importante, son los prejuicios de los historiadores a reconocer que en un mundo rural como el del noroeste murciano en la baja edad media pudiera haber pobladores judíos. Para ellos el judío medieval sigue siendo principalmente urbano.

Es por ello que hasta la fecha los historiadores nos han hecho creer que el noroeste murciano era una especie de desierto en la materia situado entre las juderías de Hellín, Murcia y Lorca, con una excepción que confirmaría la regla,  la judería de Mula.

Nos negamos a aceptar que la carencia de fuentes impida tratar debidamente este tema de la misma manera que no compartimos en absoluto las creencias infundadas de que no había judíos en el mundo rural o en las poblaciones del noroeste más allá de la villa de Mula.

Para complicar más las cosas, en esta época el noroeste era un espacio acorralado entre la frontera granadina y las periódicas guerras civiles de las élites regionales. La escasa población era sostenida por una economía campesina de subsistencia asentada alrededor de unas cuantas fortalezas y que explotaba una estrecha franja de zonas de regadío, comercializando los contados excedentes (Véase al respecto Deconstruyendo el mito de la reconquista).

Un mundo así apenas producía documentos y bienes arqueológicos con escasas posibilidades de llegar hasta nuestros días.

Sin embargo, no es menos cierto que las escasas pruebas arqueológicas o documentales de las que disponemos (entre ellas las visitas de los administradores de las órdenes militares) nos permiten conocer la existencia de explotaciones vitivinícolas en todos los pueblos del noroeste murciano. Razones culturales de orden alimenticio, comercial, religioso e incluso de salud pública ligaban la vida de los pobladores del noroeste al vino, especialmente si eran cristianos o judíos.

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