Caravaca, una ciudad de vino

Destaca Pedro Ballester Lorca en su obra «Los Caballos del Vino (Festejo insólito y pasional)», 1991, págs. 107 y 108, que la ciudad de Caravaca de la Cruz siempre guardó una intensa relación con el mundo del vino a lo largo de la historia.

Cita en su apoyo a algunos antiguos autores de la villa como Cuenca Fernández-Piñero, M. quien en 1722 escribe su «Historia del Misterioso Aparecimiento de la Stma. Cruz de Caravaca» en cuya obra nos habla del vino como uno de los productos típicos de la tierra. Nos dice que la huerta de Caravaca estaba poblada, en su márgenes, de muchas viñas que dan vinos generosos en abundancia.

Igualmente, Marín de Espinosa en sus «Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca«, 1856, nos relata que los parajes más altos están cubiertos de viñedos; todo es de regadío, pero las partes de secano están pobladas de vides. Refiriéndose a las fincas de recreo, nos destaca la de «Santa Inés», con su gran viñedo y bodega; asimismo, la «Casa Musso», abundante también en viñas y bodega.

Quitín Bas y Martínez, en su obra «Historia de Caravaca y de su Stma. Cruz» de 1885, al hablar de la vega, resalta el contraste del matiz de las sementeras con el de los viñedos que la bordean.

Asimismo, nos insiste Pedro Ballester que el cultivo de la vid en Caravaca es muy antiguo, incluso antes de la época del Padre Cuenca, porque todavía hay edificios construidos en el siglo XVI que ya tienen bodegas para elaborar y guardar el vino. Abundan en la ciudad grandes casas solariegas con «cimbras» (sótanos con grandes tinajas para meter el vino). En alguna casa existe todavía un lagar o cuba para pisar el vino y todos los utensilios de elaboración. Estas casas se ubican principalmente en la calle Mayor (casa de la Tercia, casa de las Nuevas Galerías, Encomienda, etc.); en la del Teatro y en la calle de las Monjas (actual edificio de la Escuela de Artes y Oficios, casa de Antonio Rabadán, etc.).

El cultivo se extendía a toda la zona (Barranda, Benablón, Singla y Navares). Existe todavía, cerca de Caravaca, el paraje denominado «los Viñales». La vid se cultivaba en toda la zona propicia de las altiplanicies murcianas, parecidas en su climatología y calidad del terreno (en Bullas, Caravaca, Jumilla y Yecla). No existían grandes complejos para trabajar la vid; la elaboración era familiar.

En septiembre (época de la recolección) eran frecuentes, en Caravaca, las escenas del carro lleno de uva tirado por caballos o mulas, pasando por las calles de la ciudad. Estos carros y caballos se usaban para el transporte largo, y para el transporte corto se empleaba un sólo caballo con una cuba ovalada para la uva. A principios del siglo actual (siglo XX) hubo un retroceso debido a la filoxera, plaga que acabó con casi todo el viñedo; se arrancaron las cepas y quedaron solamente algunas injertadas de cepas nuevas, para desaparecer todo posteriormente.

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